martes, septiembre 11, 2007
La Felicidad en Dosis
Sacado de La Nación, 7 de septiembre de 2007 (http://www.lanacion.com.ar/941584), autor original: Mex Urtizberea.
Este Blog ha sido creado como respaldo de los artículos más extensos a fin de facilitar la lectura de las mismas en el WEb-Blog de origen. Gracias.
Sacado de La Nación, 7 de septiembre de 2007 (http://www.lanacion.com.ar/941584), autor original: Mex Urtizberea.
Neandertalización de la política.
El Hombre de Neandertal, nuestro antepasado más cercano, tenía el cerebro menos desarrollado.
El Hombre de Neandertal, nuestro antepasado más cercano, tenía el cerebro menos desarrollado. Se lo dibuja con una frente huidiza y en chanfle hacia adentro porque su lóbulo frontal era menos moderno. En el lóbulo frontal se concentran, entre otras funciones, las relacionadas con la moral, la ética, el sentido del deber y el pensamiento a largo plazo y estratégico. Un conocido psiquiatra argentino, Eduardo Kalina, sostiene que por efecto del consumo de drogas y mayor cantidad del alcohol en los más jóvenes, se está alumbrando la primera generación en la historia de la humanidad con un lóbulo frontal del cerebro menos potente que la anterior. Asumiendo la metáfora antropológica, la juventud se neandertalizaría cuando desea todo ya y no puede medir las consecuencias del placer inmediato o prever las ventajas de posponer determinadas circunstancias (sembrar, ahorrar o invertir). Pero no sólo los jóvenes por efecto de la droga y el alcohol se neandertalizan: hay una tendencia social, que la televisión refleja espectacularmente, hacia valores más inmediatos que afectan y son afectados por la política. Por ejemplo, los votantes disculpan la corrupción o el autoritarismo mientras la economía vaya bien y los gobernantes -previendo a ese elector- se comportan en consecuencia. En esta edición (ver página 16), Rafael Bielsa dice que Cristina Kirchner no precisará segunda vuelta y su votos no serán afectados por los casos de corrupción porque "la gente cree que Skanska es un yogur" (cuando el ex canciller era joven existía un yogur llamado Yolanka). Cada época tiene rasgo de carácter. Cuando Freud creó el psicoanálisis, la tendencia social era hacia la neurosis: la gente se reprimía. En el siglo XXI es todo lo opuesto, el carácter de época es la manía. Los psicólogos hablan de un "tempo maníaco" -distinto del tiempo gravitacional- donde todo está acelerado en un ritmo frenético (como en los exitosísimos programas de Tinelli, quien para no pocos encuestadores tendría serias chances de ser elegido Presidente si se presentara como candidato). Hoy, socialmente, está muy mal visto el clásico pensador melancólico de otra época y la gente le huye al depresivo. No es casual que una de las mayores industrias medicinales sea la fabricación de antidepresivos. Cada época tuvo su personaje de moda: en la de Freud era el obsesivo, en la última parte del siglo pasado fue el borderline y ahora es el bipolar. Ballottage. Pero aun aceptando que viviéramos una era política cortoplacista, sería útil para el Frente para la victoria no confiar en exceso en que Cristina Kirchner resultará invencible en primera vuelta. Varias encuestas que circulan en privado indican que su actual intención de voto no supera con mucha holgura el 40% necesario para obviar el ballottage. Un cinco por ciento se puede perder en la última semana y faltan ocho semanas para la elección. Los mal pensados atribuyen a estos datos, preocupantes para el oficialismo, el hecho de que hace un tiempo que no se difunden encuestas. Además, el contexto económico mundial, que siempre fue una fuente de buenas noticias para el kirchnerismo, por primera vez amenaza seriamente con un fin de fiesta. Cristina Kirchner se debe preguntar: ¿qué pasó para que lo que prometía ser un paseo hacia la Casa Rosada se haya transformado en un largo calvario donde, como los presidiarios, se ruega que los días pasen lo más rápido posible? Qué distinta habría sido la situación de la candidata si Néstor Kirchner, apelando a que su mandato debía finalizar exactamente tras cuatro años, hubiera adelantado a marzo pasado las elecciones, como especulaba y temía Lavagna. Quizás hoy no se perdonen esta elección con complicaciones, cuando tenían un seguro triunfo en marzo. Miopía de futuro. En 1848, Phineas Gage, el capataz de la construcción del ferrocarril de Vermont, Estados Unidos, sufrió un "prodigioso" accidente. Por efecto de un explosión, una barra de hierro penetró por su mejilla izquierda, atravesó la parte frontal del cráneo y aterrizó a 30 metros cubierta de sesos y sangre. Increíblemente, Phineas Gage no murió y, tras las precarias curaciones de la época, pudo continuar su vida normalmente. Pero Gage ya no era Gage: su personalidad cambió, su carácter fue tan distinto que pasó de ser un hombre ejemplar a comportarse de forma despreocupada e imperturbable. En palabras del médico que lo curó -John Harlow-, reproducidas por el Boston Medical and Surgical Journal: "No había preocupación por su futuro ni síntoma de previsión". No había perdido la destreza con sus manos, ni en el habla, ni en la mayoría de las capacidades intelectuales, pero la lesión del lóbulo frontal le había hecho desaparecer una propiedad que es única en los humanos: la capacidad de anticipar el futuro y planear dentro de un ambiente social complejo. Carecía del sentido de responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás. O sea, de libre albedrío. El edificio de la ética y su voluntad se habían derrumbado (la fuerza de voluntad es la capacidad de decidir en función de los resultados de largo plazo y no de las consecuencias de corto plazo). Doce años después del accidente, Gage terminaría su vida bebiendo y armando pleitos en los bares de San Francisco; antes recorrió Sudamérica como aventurero y condujo una diligencia en Chile. Su cráneo, tras muchas décadas de estudio, sigue guardado en el Museo de la Historia de la Medicina de Harvard como reliquia del primer caso que permitió comprobar mejor la función del lóbulo frontal del cerebro humano. ¿Lobotomía? Histogramas de pruebas con juegos de cartas mostraron que personas con lesiones frontales en el cerebro ya no son sensibles a las penalizaciones y sólo están motivadas por las recompensas: la mera presencia de gratificaciones inmediatas hace que pasen por alto las penas posteriores. Tantos años de mala política en Argentina, ¿nos habrán afectado nuestros lóbulos frontales?
DECIMOTERCER ANIVERSARIO DEL ATAQUE A LA AMIA
¿Cuándo comenzó el siglo XXI?
Por Carlos Alberto Montaner
En noviembre de 1815 las Casas Reales europeas, reunidas en Viena, escribieron el acta de defunción de la Revolución Francesa y construyeron un sistema de convivencia internacional que duró cien años. Ahí, en el Congreso de Viena, entre bailes, cacerías y unos cuantos adulterios, se forjó lo que serían las líneas maestras del siglo XIX.
Esa divertida fiesta llegó a su fin el 28 de junio de 1914, con dos disparos que mataron a veinte millones de personas. Esto ocurrió cuando el estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip asesinó en Sarajevo al archiduque Francisco Fernando. A partir de ese momento se armó la de Dios es Cristo; a las pocas semanas estalló la Primera Guerra mundial y la consecuente demolición de tres imperios: el ruso, el pangermánico y el turco, mientras ingleses y franceses comenzaron su inexorable declive.
Hay cierto consenso entre los historiadores en que el siglo XX se inició aquel verano de 1914. En ese punto comenzaron a gestarse la revolución bolchevique en Rusia, el encumbramiento del nazi-fascismo, la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría. En 1989, con Gorbachov como sepulturero, el siglo XX fue felizmente enterrado bajo los escombros del Muro de Berlín.
¿Cuándo y dónde nació el XXI? Una buena hipótesis es la del analista argentino Esteban Lijalad. Comenzó en Buenos Aires el 18 de julio de 1994 el día en que una bomba descomunal mató a 85 personas e hirió a otras 300. El poderoso artefacto, oculto dentro de una camioneta, fue colocado en la sede nde la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), una organización benéfica dedicada a la asistencia social de personas de todos los credos religiosos. Según las investigaciones oficiales, el autor del atentado fue un terrorista suicida musulmán llamado Ibrahim Hussein Berro de 29 años, la milicia chiíta de nHezbollah fue quien organizó la operación criminal, y el gobierno teocrático de Irán la financió y proporcionó los medios materiales.
El brutal acontecimiento poseía, encapsulados, todos los ingredientes de lo que luego experimentaríamos a escala planetaria. En primer término, el uso de terroristas suicidas que actúan contra objetivos civiles en nlos que las víctimas son siempre personas desprevenidas e inocentes. En segundo nlugar, la utilización del antisemitismo y del odio a Israel como pretextos para atacar cualquier país, persona o institución que arbitrariamente fueran calificados como opuestos a los pretendidos designios de Alá. Tiempo después, esas bandas de criminales, o de la misma familia, auspiciados unas veces por Teherán, Damasco o por los talibanes de Kabul, golpearían en Kenya, New York, Washington, Beirut, Tel Aviv, Madrid o Londres. Mala cosa. Ya es bastante grave y nauseabundo que el islamismo fanático pretenda perfeccionar la obra de Hitler aniquilando a los judíos y destruyendo al estado de Israel, pero el objetivo final es aún más delirante, loco, peligroso y abarcador: poner fin a la civilización occidental y al muy débil islamismo moderado, implantando sobre la tierra el reino de un Mahoma vengador e inflexible que lo mismo condena a muerte a escritores incómodos que vuela en pedazos un autobús repleto de niños escolares. Es la Yihad en su versión más letal: la guerra santa universal en nombre del Profeta, desencadenada por el sector más radical del islamismo, ése que no tardará en poseer armas nucleares y ya manifiesta su disposición a usarlas contra todo vestigio de racionalidad, laicismo y modernidad. ",1]
¿Cuándo y dónde nació el XXI? Una buena hipótesis es la del analista argentino Esteban Lijalad. Comenzó en Buenos Aires el 18 de julio de 1994, el día en que una bomba descomunal mató a 85 personas e hirió a otras 300. El poderoso artefacto, oculto dentro de una camioneta, fue colocado en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), una organización benéfica dedicada a la asistencia social de personas de todos los credos religiosos. Según las investigaciones oficiales, el autor del atentado fue un terrorista suicida musulmán llamado Ibrahim Husein Berro, de 29 años. La milicia chiita de Hezbolá fue quien organizó la operación criminal, y el Gobierno teocrático de Irán la financió y proporcionó los medios materiales.
El brutal acontecimiento poseía, encapsulados, todos los ingredientes de lo que luego experimentaríamos a escala planetaria. En primer término, el uso de terroristas suicidas que actúan contra objetivos civiles, en los que las víctimas son siempre personas desprevenidas e inocentes. En segundo lugar, la utilización del antisemitismo y del odio a Israel como pretextos para atacar cualquier nación, persona o institución que arbitrariamente sea calificada como opuesta a los pretendidos designios de Alá. Tiempo después, esas bandas de criminales, o de la misma familia, auspiciados unas veces por Teherán, Damasco o por los talibanes de Kabul, golpearían en Kenia, Nueva York, Washington, Beirut, Tel Aviv, Madrid o Londres.
Mala cosa. Ya es bastante grave y nauseabundo que el islamismo fanático pretenda perfeccionar la obra de Hitler aniquilando a los judíos y destruyendo el Estado de Israel, pero el objetivo final es aún más delirante, loco, peligroso y abarcador: poner fin a la civilización occidental, y al muy débil islamismo moderado, implantando sobre la tierra el reino de un Mahoma vengador e inflexible que lo mismo condena a muerte a escritores incómodos que vuela en pedazos un autobús repleto de niños escolares. Es la yihad en su versión más letal: la guerra santa universal en nombre del Profeta, desencadenada por el sector más radical del islamismo, ése que no tardará en poseer armas nucleares y ya manifiesta su disposición a usarlas contra todo vestigio de racionalidad, laicismo y modernidad.
Pero hay más: el atentado a la AMIA también sirve para calibrar la npobre respuesta de las sociedades libres ante este nuevo peligro. En el mejor de nlos casos, la investigación llevada a cabo por las autoridades nacionales fue pobre y negligente. En el peor, hubo corrupción y soborno de funcionarios para que no se llegara claramente al fondo del asunto. No existió una verdadera respuesta solidaria internacional para respaldar a los argentinos. No se entendió que la masacre de la AMIA era una batalla local dentro de una verdadera guerra internacional. Ni siquiera los países integrados en MERCOSUR presentaron un frente enérgico ante Teherán y coordinaron sus estrategias de defensa. Todos actuaron como si estuvieran ante una anécdota aislada escasamente importante. Incluso hoy, trece años después, casi nadie ha advertido que aquel fatídico 18 nde julio acaso comenzó el siglo XXI.
Pero hay más: el atentado contra la AMIA también sirve para calibrar la pobre respuesta de las sociedades libres ante este nuevo peligro. En el mejor de los casos, la investigación llevada a cabo por las autoridades nacionales fue pobre y negligente. En el peor, hubo corrupción y soborno de funcionarios para que no se llegara claramente al fondo del asunto. No existió una verdadera respuesta solidaria internacional para respaldar a los argentinos. No se entendió que la masacre de la AMIA era una batalla local dentro de una verdadera guerra internacional. Ni siquiera los países integrados en Mercosur presentaron un frente enérgico ante Teherán y coordinaron sus estrategias de defensa. Todos actuaron como si estuvieran ante una anécdota aislada escasamente importante.
Incluso hoy, trece años después, casi nadie ha advertido que aquel fatídico 18 de julio acaso comenzó el siglo XXI.
ACLARACIÓN: El presente artículo es opinión personal exclusiva de su redactor y de ninguna manera refleja necesariamente la posición de cada uno de los demás integrantes de este blog en relación al tema.
En la actualidad, salvo en la provincia de Río Negro, subsiste en el país el problema de la falta de legislación sobre la eutanasia y la muerte digna.
Sin embargo, ello no sucede por falta de proyectos, sino de tratamiento de los mismos, en especial dados los tiempos electorales que corren, en el que el planteo de nuevas soluciones respecto del derecho de cada persona a decidir sobre su propia existencia y a no ser sometido a situaciones de encarnizamiento terapéutico más allá de toda razonabilidad o justificación terapéutica (o simplemente a no verse sometido a una subsistencia en un estado que no sea el libre y responsablemente elegido por cada uno como proyecto de vida personal), puede herir la sensibilidad de sectores importantes de formación de la opinión pública (en especial a nivel religioso) que, mas allá de su buena fe, no dejan de aparecer como interfiriendo en el derecho personal de cada uno de decidir en última instancia sobre la propia vida.
El punto, a mi entender, no es si la gente tiene el derecho a predicar sus creencias sobre cómo enfrentar la muerte y la enfermedad en situaciones extremas, y los demás a aceptarlas y seguirlas (o nó) si así les parece justo (lo que no se discute en absoluto por ser parte de su libertad de conciencia), sino si, en definitiva, dichas creencias, en un sistema democrático, no dependen de última de una opción individual en ese sentido por parte de cada individuo al margen de lo repugnante que pueda resultar para otras personas con opciones de vida distintas.
Así, surge en seguida el interrogante de si es lícito impedir que la gente tome una opción distinta sobre como afrontar situaciones en las que, por degradación extrema de la salud física o psíquica sin posibilidad de recuperación inmediata razonable, uno pueda verse sometido a un estado de sufrimiento o de vegetación que entienda incompatible con una vida digna, y la muerte aparezca como una solución más humana y misericordiosa que ser sometido a una situación que se presenta entonces como denigrante o insoportable, y por ende tenga el derecho a exigir que se respete esa decisión personal suya e incluso que se le ayude a cumplir esa voluntad última.
En definitiva, el tema de la eutanasia, como lo veo, tiene que ver con el derecho de las personas a ser los decisores últimos de sus propias vidas individuales, y a no ser vistos obligados a sufrir interferencias de otros que, al margen de su buena intención, interfieren en definitiva en un ámbito sumamente privado como es el proyecto de vida de cada uno, que a mi parecer incluye también la decisión última de cuándo dejar de vivir y cómo pasar los últimos momentos.
Así, se impone a mi entender que se de un debate a nivel nacional a fin de regular cómo preservar ese derecho individual a mi juicio supremo e inviolable, sin tapujos y sin falsos pudores, así como asegurar las condiciones para que esa elección pueda hacerse con suficiente responsabilidad y seriedad, tanto para preservar el derecho de los que elijan para sí la eutanasia, como para evitar que las personas que no estén suficientemente maduras o en estado de elegir responsablemente tomen una decisión luego irreparable, o que alguien tome una indebida decisión en ese sentido en contra de la elección personal del propio enfermo.
En este punto, en la Cámara de Diputados, el último proyecto sobre regulación de la eutanasia ingresó a fines de 2006. En el Senado la última iniciativa ingresó en mayo y tampoco se trató. La misma suerte corrieron los otros 19 proyectos que desde 1999 hasta ahora se presentaron en el Senado y en Diputados, la mayoría de los cuales ya caducaron al haber perdido estado parlamentario por no tratarse dentro de los dos años de presentados en las comisiones respectivas de las Cámaras de Senadores y de Diputados.
Todos esos casos se refieren a la muerte digna, testamento de vida o eutanasia, nombres que, con distintas variantes, contemplan el deseo del enfermo a que no se prolongue su vida por medios artificiales más allá de su voluntad. Ni siquiera el pedido público del ministro de Salud de una legislación que regule la eutanasia, convenció al Congreso.
En rigor, todas las iniciativas presentadas en el Congreso van en el mismo sentido de resguardar la opción de los enfermos terminales a negarse a recibir tratamientos que prolonguen su vida de modo artificial en contra de su voluntad, estableciéndose que esa manifestación de voluntad anticipada, denominada "testamento vital", sea elaborada por escrito y ante un escribano o un funcionario público para salvaguardar la seriedad y la autenticidad de esa voluntad y evitar también maniobras de terceros que quieran interferir en la decisión de otros de vivir o dejar de vivir. Finalmente, en senadores, hay incluso un proyecto que considera el no cumplimiento del testamento vital de pacientes terminales como "mala praxis profesional".
Dado así que, a criterio del suscripto, se trata de regular un derecho esencial de las personas como es el de disponer de su propia existencia y elegir cómo afrontarla, resulta esencial que se debata en serio el tema a fin de poder fijar los parámetros que aseguren una efectiva tutela del mismo, y la cuestión pueda resolverse con claridad, responsabilidad y el máximo cuidado, sin presiones de ningún sector y para beneficio de todos.
Este artículo fue escrito en función de la noticia en relación al tema que fue publicada en el diario La Nación el día sábado 7 de julio de 2007 por Laura Capriata (http://www.lanacion.com.ar/923701).
SUBSIDIOS, SALARIOS, JUBILACIONES DE PRIVILEGIO, EXENCIONES IMPOSITIVAS
La otra relación con la Iglesia.
Gobierno y obispos se llevan públicamente mal, pero en lo político. En otros rubros la relación entre la Iglesia y el Estado es múltiple, aceitada y regida por legislación de la dictadura. El resumen es que los sueldos de obispos, párrocos de frontera y hasta seminaristas se pagan con dinero público
Por Mario Wainfeld
La relación entre el Ejecutivo nacional y la jerarquía de la Iglesia Católica no es buena. El diálogo no fluye, la comunicación escasea. Eso, en materia política, se entiende. En otros rubros, los flujos de información se intercambian a diario. Se transmiten altas y bajas burocráticas, se detallan datos sobre sacerdotes y seminaristas, se remesan partidas. Ocurre que, según la interpretación legal vigente de la Constitución, el Estado paga haberes mensuales a obispos y a párrocos de frontera. También obla una cápita por seminarista. Las cifras, como todo lo que hace al gasto público, son controversiales, aunque (a diferencia de lo que ocurre en otros casos) poco se las conoce. Un obispo diocesano, como Jorge Bergoglio o Jorge Casaretto, percibe una mensualidad de 7287,13 pesos. Los purpurados que se retiran reciben una significativa “asignación mensual y vitalicia”. La norma respectiva alude a retiros por edad o por motivos de salud, pero quienes se alejaron de sus obispados por causales más chocantes también acceden al subsidio. Entre ellos Edgardo Storni, quien renunció al obispado de Santa Fe envuelto en escándalos sexuales y económicos por los que está siendo juzgado penalmente, y Juan Carlos Maccarone, despedido del obispado de Santiago del Estero por revelaciones sobre su vida personal. La expresión “jubilación de privilegio”, tan denostada cuando concierne a laicos, suena demasiado piadosa en ciertos casos.
De qué hablamos
3 leyes regulan el pago de salarios mensuales a obispos, sacerdotes y párrocos. Todas fueron promulgadas por la dictadura militar.
1.391.992 pesos es la partida mensual.
336 pesos es la cápita por seminarista.
7287,13 pesos netos, no imponibles, es el ingreso de un obispo diocesano.
6376,24 pesos netos al mes cobran los obispos retirados por razones de salud o invalidez.
2 obispos que renunciaron por otros motivos, en circunstancias escandalosas, perciben igualmente ese subsidio. Uno de ellos, Edgardo Storni, está siendo juzgado penalmente por sus acciones.
AHÁ
La Constitución nacional estipula que el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano. Regular ese mandato queda sujeto a legislación ulterior. Las que rigen la cuestión que nos ocupa fueron sancionadas durante la dictadura militar, algo digno de mención.
El sostén del culto se efectiviza por conductos muy variados, lo que dificulta una estimación global de los recursos imputados, que se canalizan a través de casi todos los ministerios del gabinete nacional. Un cálculo riguroso exigiría tomar en cuenta las generosas exenciones impositivas en danza.
Un puntal del sostén del culto son los aportes para la educación privada, cuya magnitud amerita un debate de gran densidad, ajeno a este artículo.
La subsistencia de capellanes y obispos castrenses, pagados con fondos públicos, es una rémora antirrepublicana de los infaustos discursos autoritarios que enraizaban a la cruz con la espada. Su pervivencia en el siglo XXI es un anacronismo en el que incurren pocas naciones. Chile es una de ellas, tributando al peso que aún conserva el pinochetismo en su esquema de poder. Conseguir una nómina precisa de la cantidad de capellanes castrenses y de los dineros públicos destinados a su actividad excede las competencias de esta nota y de su autor. La información pública se extravía en varios despachos, casi nadie sabe, casi todos no contestan. Los pagos a obispos, seminaristas y párrocos de frontera, en cambio, son relativamente sencillos de aprehender.
Papeles en regla
El Programa de registro y sostenimiento de Cultos es el número 17 del Presupuesto nacional. En el ejercicio 2007 se han asignado poco más de 16,6 millones de pesos para las “transferencias” que se reseñan en esta nota. El organismo de ejecución es la Secretaría de Culto, dependiente de la Cancillería. Los fondos no se entregan personalmente a los beneficiarios, se envían a la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), que tiene a su cargo la distribución.
Eso sí, las resoluciones respectivas detallan los nombres y apellidos de los obispos o sacerdotes y los importes que les corresponden. La partida general para el mes de marzo fue de $ 1.391.992, lo que multiplicado por doce se empareja con la previsión anual. Claro que los números podrían ser retocados en alza, si hay decisión en tal sentido, merced a las amplias facultades (alias superpoderes) delegadas al Ejecutivo en la persona del jefe de Gabinete.
Varios son los rubros por los que se remesa dinero a la CEA. Vaya un repaso a vuelo de pájaro.
a) Sostenimiento del clero argentino: Es una cápita de 336 pesos por seminarista, en base a cifras que proporcionan las respectivas jurisdicciones eclesiásticas.
b) Asignaciones para los obispos diocesanos y auxiliares: Corresponden $ 7287,13 a aquéllos y 6376,24 a éstos.
c) Asignaciones de $ 470,40 por párroco de frontera.
d) Asignaciones mensuales y vitalicias de $ 530 a un grupo particular (mínimo) de sacerdotes seculares.
e) Asignaciones mensuales y vitalicias a obispos retirados, que oscilan entre $5465,35 y $ 6376,24.
En ningún caso se trata, técnicamente, de sueldos, lo que tiene distintas implicancias. No existen aguinaldo ni pago de vacaciones. Tampoco tributan impuestos ni cargas sociales de ninguna especie. El Estado no retiene, por caso, impuesto a las ganancias. Los beneficiarios no hacen aportes jubilatorios.
Razones y sinrazones
Las diferencias antedichas no obstan a que los haberes en cuestión cumplan el rol de salarios, por su regularidad. Funcionarios avezados explican que en muchos casos el dinero no deriva al patrimonio personal del beneficiario sino que se consagra a gastos de la respectiva diócesis. Las normas no consagran ningún control al respecto, ni obligación de informar sobre el destino del dinero pagado.
El argumento de los gastos de la diócesis no parece aplicable al caso de las asignaciones vitalicias y mensuales a las que tienen derecho los obispos eméritos, esto es, retirados. La legislación prevé el beneficio para quienes se alejan por razones de edad. Pero acceden a esa mesada Edgardo Storni y Juan Carlos Maccarone, quienes no dimitieron por el transcurso del tiempo o la enfermedad. Storni se retiró en medio de un escándalo de proporciones, acusado de abusos sexuales y malversación de fondos. Afronta juicios penales por esas causas. Maccarone fue desplazado tras habérsele probado relaciones homosexuales con fieles de su grey.
Seguramente se los beneficia merced a una interpretación extensiva de la norma. “Se paga a los eméritos”, explican en Cancillería, dando cuenta de una pirueta burocrática, favorable a los beneficiarios. El lector justipreciará si la interpretación es demasiado caritativa o algo peor.
El rango de los guarismos está predeterminado por ley. La que otorgó mensualidad a los obispos, en su texto original, la determina en el 80 por ciento del salario de un juez de primera instancia.
La asignación vitalicia que hace las veces de jubilación garantiza el setenta por ciento del sueldo del presidente de la Nación, excluidos los gastos de representación. Su montante ubica a los prelados muy por encima de la media de los trabajadores argentinos, aun de casi todos los funcionarios.
Antecedentes republicanos
El régimen actual se sustenta en leyes de matriz dictatorial, no se remonta a los orígenes de la patria. La ley 21.950, que estableció la asignación mensual a dignatarios católicos, fue dictada por Jorge Rafael Videla y conformada por el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Los mismos demócratas rubricaron la ley 22.161 que previó una asignación mensual a curas párrocos de frontera. La ley 22.950, firmada en octubre de 1983 (ya de salida) por el republicano Reynaldo Benito Bignone, impuso el “sostenimiento para la formación del clero de nacionalidad argentina”. Sucesivos gobiernos democráticos, incluido el actual, no introdujeron cambios relevantes en esas normas.
Su (previsible) correspondencia ideológica con la dictadura es un tema abierto a debate. La institución de los párrocos de frontera tributa sin duda a una idea perimida y nazionalista con zeta de los límites territoriales, muy propia del pensamiento militar del siglo pasado y muy chocante a la actual tendencia de integración regional. “Garantizar” la presencia de sacerdotes argentinos como un dique a temibles invasiones bárbaras de brasileños, chilenos, paraguayos, uruguayos o bolivianos. Es innegable el tufillo de las “hipótesis de conflicto” que cimentaron el pensamiento estratégico autoritario nativo.
Transparencia, igualdad, debate
Toda ley debe aplicarse; al mismo tiempo, es discutible y mejorable. En todo caso, son muy contados los países no fundamentalistas cuyos Estados pagan sueldo a obispos. No lo hacen Uruguay, Brasil ni Chile, por dar ejemplos de repúblicas muy vinculadas a la Argentina, usualmente mentadas como ejemplos para la civilidad.
La relación entre la Iglesia Católica Apostólica Romana y el Estado argentino amerita, como se postula en estos días, un debate profundo de raíz republicana. En ese trajín, un issue interesante sería debatir acerca de si los recursos que recibe la Iglesia se avienen a las reglas republicanas y al principio de igualdad, cardinal en la Constitución.
En la modesta percepción del cronista, las jubilaciones privilegiadas no cumplen esos requisitos. No es un cuestionamiento personal a quienes las reciben, entre quienes se cuentan obispos de razonable reputación pública como Justo Laguna y también un referente moral y ejemplo de vida como Miguel Hesayne. Se trata de un tema institucional.
Y las pagas de por vida son afrentosas si, para colmo, se confieren a quien ha sido acusado, con enorme fundamento, de delitos de toda laya.
Muy pocas leyes relevantes de la dictadura subsisten vigentes hoy día, frisando un cuarto de siglo de consolidación democrática. Las contadas que perduran están muy vinculadas a factores de poder: la de radiodifusión y las que terminamos de glosar. Todo un detalle.
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Cómo el Estado les paga los colegios
Por Nora Veiras
El golpe militar del 4 de junio de 1943 impuso la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. El primer gobierno de Juan Domingo Perón le dio fuerza de ley en 1947 y la anuló en 1954 al romper relaciones con la cúpula eclesiástica. Sin embargo, esa ruptura dejó vigente otra norma que había promulgado el mismo gobierno: el otorgamiento de subsidios a la educación privada destinado al pago de los salarios docentes. A lo largo de más de cincuenta años el sistema privado consolidó su presencia y no hubo gobierno que se atreviera a modificarlo. El año pasado, la Iglesia intentó que la nueva Ley de Educación ampliara el beneficio para que “el Estado financie equitativamente a la educación de gestión pública como de gestión privada, de manera que los colegios religiosos puedan ser gratuitos”. A pesar del lobby, no lograron el objetivo.
Desde que en 1992 se completó la descentralización del sistema educativo con el traspaso de las escuelas secundarias a las provincias y los institutos de formación docente, son las distintas jurisdicciones las que garantizan la liquidación de subsidios. En la Dirección Nacional de Educación Privada, dependiente de la cartera educativa nacional, explicaron que “es muy difícil establecer el monto total destinado a ese fin, pero por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires la partida asciende a 320 millones de pesos sobre un presupuesto de 2400 millones para educación”. En la comuna porteña casi la mitad de los establecimientos son privados, es la jurisdicción con más alta incidencia del sector. La media del país no supera el 25 por ciento de los alumnos en las escuelas particulares.
La absoluta mayoría de los establecimientos subsidiados son confesionales. Por la magnitud del sistema, la provincia de Buenos Aires tiene la mayor cantidad de establecimientos de gestión privada, casi 7300, de los cuales 2449 no reciben aporte estatal y los 4850 restantes sí para atender a una matrícula global de 1,4 millón de alumnos sobre un total de 4,5 millones. De ese total, 2667 recibe el cien por ciento de subsidio para financiar los salarios docentes; 1315, el 80 por ciento, y 868 bandas de subsidios que bajan hasta un 20 por ciento. El monto del aporte estatal es inversamente proporcional al de la cuota: a mayor subsidio menor arancel.
La defensa del financiamiento público de la enseñanza privada es un principio inclaudicable de los purpurados. En los corrillos del poder siempre se comenta que hasta el papa Juan Pablo II llegó a plantearle la preocupación por cualquier modificación del sistema a un funcionario argentino durante una protocolar audiencia en el Vaticano.
El año pasado, el obispo de Bahía Blanca y presidente de la Comisión Episcopal de Educación, Guillermo Garlatti, redobló el reclamo. En pleno debate sobre la nueva ley de Educación dijo: “Pedimos que el Estado, por un principio de justicia distributiva, financie equitativamente. Queremos que el principio de libertad de enseñanza sea llevado hasta las últimas implicancias”, y abundó: “El deseo de la Iglesia es que sus instituciones educativas sean gratuitas para que los padres no se vean impedidos por razones económicas de brindarles a sus hijos la educación que desean”. En buen romance, a Dios lo que es del César.
La continuidad de los subsidios para mantener ese reducto inmejorable de formación ideológica es una lucha siempre renovada para los obispos. En cambio, sobre la educación religiosa en el sistema público en los últimos años vienen perdiendo algunas batallas. A pesar de que las normas nacionales consagran la educación laica, en Santiago del Estero, Jujuy y Salta la religión –católica, por supuesto– sigue formando parte de la currícula escolar. En cambio, en Catamarca y San Luis se sacó a Dios de las aulas con no pocos embates purpurados. El ex gobernador catamarqueño Oscar Castillo tomó la decisión ante un planteo por discriminación realizado por la comunidad judía a través de la DAIA.
En definitiva, la Iglesia Católica sigue considerando que el Estado tiene la obligación de atender sus necesidades terrenales.
Tránsito: la barbarie cotidiana
por Aldo Isuani SOCIOLOGO, PROFESOR TITULAR UBA, INVESTIGADOR CONICET
Se necesitan políticas nacionales que logren frenar una cantidad de víctimas mensuales equivalentes a las de la guerra de Malvinas. Una sociedad que tolera semejante cifra se resigna a vivir incivilizadamente
Cada mes, una guerra de Malvinas. Efectivamente, en las Islas murieron 650 argentinos y 1.188 recibieron heridas. Estas son aproximadamente las cifras de víctimas fatales e incapacitadas por accidentes de tránsito que se producen mensualmente en calles y rutas del país. ¿Por qué el problema se ha agudizado y en vez de una reacción contundente de Gobierno y sociedad parece existir la noción de que este demencial escenario de muerte y destrucción es parte del paisaje argentino?Es triste constatar que el tema no ha merecido un solo debate en el Congreso de la Nación, ni iniciativas decididas del Gobierno nacional. El respeto del federalismo no puede ser una excusa para tamaña inacción. Por otra parte, el tema no ocupa lugar alguno en la campaña electoral de la Ciudad de Buenos Aires y no hemos asistido a ninguna gran manifestación de ciudadanos para exigir responsabilidad a los conductores de vehículos y mayor control a las autoridades. Esto es sencillamente reconocer que aquellas instituciones y las principales fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad civil no admiten que muertes prevenibles de argentinos en un número anual más de diez veces superior a los caídos en Malvinas sean un problema para ellos.Debe reconocerse que algunos gobiernos locales dieron pasos positivos: control de alcoholemia, mayores requisitos para obtener el registro de conducir, promover la educación vial en escuelas, etc., pero los resultados están a la vista: los accidentes graves aumentan. Y ello porque las medidas más importantes aún no están en la agenda.En primer lugar, una policía de tránsito que disuada y actúe sobre las infracciones más relacionadas con los accidentes graves, básicamente, exceso de velocidad y maniobras imprudentes. Además de puestos de control, ésta debería contar con un cuerpo motorizado que, al menos, recorra permanentemente las principales vías donde se producen accidentes fatales, y debe tener la autoridad y el respaldo necesarios para detener a este tipo de infractores. En segundo lugar, las penalidades para las infracciones graves deben ser sensiblemente mayores. No es posible que prácticamente la única transgresión que recibe penalidad sea el inofensivo mal estacionamiento. El registro de conductor debería ser nacional y conducir sin el mismo o estando inhabilitado tiene que ser considerado delito gravísimo. Creo que será imposible resolver este problema sin una cierta nacionalización de la respuesta. Esto es, el Gobierno y el Parlamento nacionales deberán revisar normas y ejecutar políticas que faciliten un efectivo control y castigo de las transgresiones potencialmente letales. Y esto, cooperando con las provincias y exigiéndoles resultados o asumiendo directamente la responsabilidad si se llega a la conclusión de que hay provincias que no tienen capacidad para enfrentar el tema.Queda en tercer lugar el tema de la educación vial. No se trata simplemente de algún que otro spot televisivo mostrando con generosidad hierros retorcidos y charcos de sangre; no se trata sólo de enseñar a nuestros niños el contenido de las normas de tránsito, no se trata de afiches aislados en la vía pública exhortando a cumplir normas. Esto no alcanza.Se trata de una campaña comunicacional sostenida y masiva en medios gráficos, radiales y televisivos para que los ciudadanos conductores y transeúntes refresquen su conocimiento sobre la conducta correcta en el tránsito y reflexionen y comprendan la necesidad de respetar la vida y que no hay ansiedad ni apuros que justifiquen poner en riesgo la vida de otros y la propia.Estas políticas precisan de recursos que las viabilicen. Asegurar la libertad de movimiento del país frente al FMI no puede ser más importante que 10.000 vidas argentinas anuales.En el drama del tránsito argentino se juega un tema mayor: una sociedad que acepta pasivamente una obscena cantidad de muertes prevenibles no comprende en definitiva qué es vivir civilizadamente, qué es calidad de vida o qué es desarrollo; se resigna a vivir primitivamente aunque posea tasas elevadas de crecimiento económico.Es hora de reaccionar y demostrar que esta epidemia mortal que nos aqueja tiene antídotos y puede ser combatida.
Lo consideran "un hito"
Nuevo paso para la creación de vida artificial
Trasplantaron un genoma completo
NUEVA YORK.– Científicos del instituto que dirige J. Craig Venter, un pionero en la secuenciación del genoma humano, informaron que consiguieron trasplantar el genoma de una especie de bacteria dentro de otra especie de bacteria, un logro que consideran un importante avance hacia la creación de formas de vida sintéticas. Otros científicos que no participaron de la investigación elogiaron el logro, cuyos resultados fueron publicados en el sitio web de la revista Science. Pero algunos expresaron su escepticismo a la relevancia que le atribuyó el doctor Venter. Su meta es obtener células capaces de tomar dióxido de carbono de la atmósfera y producir metano para ser utilizado como elemento base de otros combustibles. Un avance como ése podría reducir la dependencia de los combustibles fósiles y asestarle un golpe al calentamiento global. “Esperamos tener el primer combustible a partir de la biología sintética dentro de una década, y si es posible en la mitad de ese tiempo”, declaró Venter. Richard Ebright, un biólogo molecular de la Universidad Rutgers, Estados Unidos, dijo que la técnica de trasplante que permite que el genoma transferido tome el mando de la célula que ha recibido el trasplante constituye “un hito”. “Representa la reprogramación completa de un organismo, usando para eso sólo una entidad química”, expresó el doctor Ebright. Leroy Hood, un pionero del campo de la biología de sistemas, dijo que el reporte del doctor Venter es "realmente un maravilloso ejemplo de proeza técnica", pero sólo uno de los muchos pasos que se requieren antes de que los cromosomas sintéticos puedan ser transferidos para ser usados en células vivas. Una razón del optimismo de Venter es que dice que su instituto está cerca de sintetizar a partir de sustancias químicas el genoma entero de una pequeña bacteria, el Mycoplasma genitalium , de 580.000 unidades de ADN de largo. Si ese genoma puede ser creado para gobernar otra bacteria utilizando el método anunciado en Science , el doctor Venter debería ser capaz entonces de decir que ha logrado la primera forma sintética de vida. La bacteria sería idéntica a la versión que se encuentra en la naturaleza, pero demostraría qué tan preciso es el control que se puede lograr de cada uno de los aspectos de la maquinaria de las células vivas. Más allá de la ingeniería Desde hace tiempo, los biólogos son capaces de trasladar los genes útiles de una bacteria a otro organismo, a través de un proceso llamado ingeniería genética. La idea de la biología sintética es desarrollar de modo más extenso y sistemática la ingeniería genética. Biólogos sintéticos, que realizan esta semana su tercer encuentro anual en Zurich, Suiza, tienen la esperanza de lograr crear procesos bioquímicos y después elegir las secuencias genéticas que dirigirán esos procesos, para construir el ADN a partir de sustancias químicas. La meta de los científicos es seleccionar y reordenar la maquinaría genética desarrollada por la evolución, del mismo modo que un ingeniero ensambla un circuito a partir de componentes existentes. El doctor Venter apunta a sentar las bases de un nuevo abordaje de la biología sintética, al sintetizar primero el genoma completo en el laboratorio, para luego tomar control o "activar" una célula viva. El trabajo publicado en Science cumple con el segundo de estos pasos, verificado al menos en la bacteria micoplasma. Su equipo, que incluye al distinguido biólogo Hamilton Smith, purificó el ADN completo del micoplasma y mostró que podría tomar el control de otra bacteria, haciendo que la célula huésped comience a producir proteínas dirigidas por el nuevo ADN. Dijo Smith que no está seguro de que el genoma trasplantado en la experiencia publicada en Science haya destruido el genoma de la célula huésped o si simplemente indujo la división celular, asignando los dos genomas a diferentes células hijas. Activar "Activar las células dotadas del nuevo genoma es la limitación principal de la biología sintética", dijo el doctor Venter. Ahora que ese obstáculo ha sido superado, será posible "diseñar en el futuro células que produzcan nuevos tipos de combustible y rompan nuestra dependencia al petróleo y hagamos algo con respecto al dióxido de carbono que sube a la atmósfera". El doctor Hood, cofundador del Instituto de Biología de Sistemas de Seattle, Estados Unidos, dijo que el próximo paso en la agenda de Venter -colocar un genoma sintético y funcional dentro de un organismo- será aún más significativo. "Sintetizar un genoma completo y ponerlo a funcionar será un paso realmente destacable que estará mucho más cerca de nuestro sueño dorado de crear nuevos organismos", agregó Hood. George Church, referente de la biología de sistemas del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, según sus siglas en inglés), dijo que el nuevo estudio es "buena ciencia", pero que ha sido realizado en un organismo (el micoplasma) que no es adecuado para usos industriales. Church está de acuerdo con el pronóstico de Venter de que los biólogos sintéticos podrían producir combustibles dentro de los próximos 10 años. Y recordó que la empresa californiana LS9 Inc. estaba produciendo combustibles similares al petróleo en bacterias. El doctor Venter es bastante menos tímido que la mayoría de los biólogos universitarios. Pero ha obtenido varios logros sólidos que lo acreditan. Estos han tenido que ver, en su gran mayoría, con el secuenciamiento o la decodificación de genomas. Venter ha sido pionero en el secuenciamiento del primer genoma de una bacteria, el Haemophilus influenzae , y compitió con el gobierno norteamericano por la secuenciación de una versión inicial del genoma humano en 2000. Por Nicholas Wade De The New York Times